La pandemia por COVID-19 ha transformado nuestras rutinas para siempre. La vida como la conocíamos está marcada por la novedad, tanto en el lenguaje (coronavirus, distanciamiento social, aislamiento voluntario), como en las acciones (uso de la mascarilla, lavado de manos, desinfección). ¿Cómo se toman nuestro cerebro y nuestro cuerpo estos tiempos de aislamiento?

Para responder a esta interrogante y dar luces sobre nuestras emociones y comportamiento, Liliana Alvarado, directora de la Escuela de Postgrado UTP, experta en neuromarketing y autora del libro “Brainketing”, realizó la ponencia “El Cerebro en Tiempos de Aislamiento, Cómo Afecta en Nuestras Emociones y Comportamiento” en un webinar gratuito impulsado por la Cámara de Comercio e Industria de Arequipa.

¿Qué ha hecho el Coronavirus en nosotros?

En su presentación, Alvarado indicó que “el virus ha venido a trastocar toda nuestra vida. Es un desafío que nadie esperaba y que ha venido a mover toda la estructura de comportamientos que teníamos, cambiando nuestra manera de socializar, trabajar, estudiar y nuestra conciliación de la vida familiar y la vida laboral”.

Frente a la emergencia sanitaria, los gobiernos han optado por medidas que, aunque eran esperables, han generado un vuelco en nuestras rutinas, y el cerebro, al estar fuera de su estado de adaptación, se llena de angustia y miedo.

Ante un escenario tan complejo, la propuesta es resignificar, dotar de otro significado, nuestras acciones.

Tiempos de aislamiento: ¿pérdida de la libertad?

Puede que en cuarentena sintamos que los espacios personales han sido invadidos por los familiares.  Esta situación nos lleva a considerar que hemos perdido nuestra zona de confort, nuestras rutinas y no hay nada que le incomode más el cerebro que perder sus rutinas.

Sin embargo, ante ello también surgen nuevas oportunidades, como el redescubrimiento de pasiones o el establecer rituales distintos.

Nueva zona de confort: aprender a surfear en el nuevo entorno

En este panorama, es importante crear una nueva zona de confort para que el cerebro esté tranquilo. Este proceso permite una mejor gestión de las emociones, así como la disminución de la incertidumbre.

“Tenemos que descubrir nuevas maneras de celebrar: mirar la vida con otros ojos, con una mirada focalizada a los ojos del otro, a la conexión humana”, acota. “Al cambiar nuestro contexto debe cambiar nuestro comportamiento”.

Aprender y adaptarse son dos acciones que el cerebro sabe hacer muy bien. Saber lo que va a pasar le genera al cerebro comodidad y seguridad. Pero nos adaptamos a una situación incómoda una vez que eliminamos la incertidumbre y en estos momentos es más difícil tener certezas.

Por eso, para Alvarado, la situación amerita un compromiso ineludible: “hay que aprender a resocializar y reeducar”.

¿Qué significa resocializar y reeducar?

En pocas palabras, se trata de cambiar el chip: “pasar de la individualidad, donde más importante soy yo, a la solidaridad, donde la comunidad se va a beneficiar”. Cumplir con el aislamiento para protegernos a nosotros mismos y a los demás es una manera de resocializar.

En esta nueva forma de conectar con los otros que tiene más que ver con proteger y compartir, nuestro cerebro se defiende de la incertidumbre y sobrevive.

Por otro lado, reeducar tiene que ver con administrar de manera responsable nuestras emociones. Reflexionar en torno a cómo reaccionamos y cómo actuamos debe ser una constante para no sumergirnos en estímulos negativos permanentes.

En este sentido, podemos activar nuestros sentidos desde una emocionalidad positiva para mejorar nuestra salud física y emocional, a la vez que motivamos a nuestra familia a estar, aunque físicamente distanciados, emocionalmente juntos.

 

Autor
PostgradoUTP

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