La sostenibilidad de la motivación en el estudio universitario resulta de potenciar habilidades a través del autoconocimiento y aprendizaje significativo.

¿Qué es la motivación y por qué es tan importante para la gestión educativa universitaria?

Acorde al enfoque de la gestión educativa superior, inferir que la motivación en el estudio universitario resulta de una actividad autogestionada por el alumno previa a su ingreso, puede desembocar cualquier circunstancia mínima de fracaso, en dimisión. Conforme a un estudio publicado en Agencia Andina, de una proyección de 300 mil postulantes a diversas universidades en el 2017, aproximadamente entre 40 mil y 50 mil jóvenes abandonaron sus estudios universitarios ese año; siendo los intereses vocacionales, el rendimiento académico, y la solvencia económica, las principales causas del cese universitario.

Para reducir tales cifras, la gestión educativa superior cuenta con dos alternativas: o esperar que el accionar estatal fortalezca sus políticas educativas en formación vocacional, refuerzo académico, facilidades de pago y más reformas universitarias; o abordar la crisis desde una perspectiva más frontal y proactiva: capitalizar la motivación en el estudio superior impulsada por estrategias innovadoras de docencia universitaria y gestión educativa para comprometer al estudiante con su autonomía para el aprendizaje.

¿Pero qué es la motivación vista desde la perspectiva universitaria? Un artículo de Sergio Montico para la Universidad Nacional Entre Ríos afirma que “motivar al alumno es orientarlo en una dirección y asegurar que se sigan los pasos necesarios para alcanzar el o los objetivos. Motivarse implica la búsqueda de la satisfacción por voluntad propia, o a través de la estimulación, para accionar intencionalmente y lograr la meta”.

Es decir, vivimos en un contexto educativo complicado. Confluyen en él infinidad de factores que merman el desempeño académico de los estudiantes. Pero el cambio de perspectivas concibiendo las dificultades como retos en vez de obstáculos, solo lo impulsa la motivación: el encontrar un foco de emociones que cautive al estudiante, al punto de rebasar la adversidad bajo la propia acción de su autonomía. Conforme a esto, el mismo ensayo propone que la motivación universitaria es importante para la gestión educativa superior ya que así los estudiantes “se integrarán más si creen en la importancia que posee su formación para la sociedad y para la institución que lo educa”. De esta manera, el centro universitario deberá acondicionar un clima en el que sus estudiantes adopten mayores espacios de participación y toma de roles que incentiven su responsabilidad y, por consiguiente, la constante búsqueda de nuevas metas qué cumplir.

¿Cómo fomentar la motivación en el estudio universitario?

Como bien menciona la Doctora en Educación Cleidy la Rosa, “sentirse motivado favorece el deseo de buscar, hacer y alcanzar aquello que se anhela. Esa energía actúa como un impulso psicológico que lo permite sentirse dispuesto e interesado a cumplir lo que se propone ante la vida. Esta concepción de energía e impulso, hacen alusión a la motivación, y puede ser comprendida como el deseo de moverse para alcanzar u obtener algo; también, como el empuje necesario para darle sentido y valor a lo que se desea”. Ante ello, basados en una investigación realizada por la Revista Iberoamericana de Educación, dirigida por la Organización de Estados Iberoamericanos para la educación, la ciencia y la cultura (OEI), existen diversas estrategias concebidas por la gestión educativa que favorecen la motivación en el estudio universitario:

  1. Coaching y diseño de metas: el docente debe poseer estrategias de motivación para que el interés por el aprendizaje significativo del estudiante sea sostenido. Por ende, debe mantenerse al tanto de las últimas herramientas didácticas que imparten las Maestrías en Docencia Universitaria y Gestión Educativa donde el coaching, design thinking y liderazgo, consoliden el logro de objetivos a corto, largo y mediano plazo. Ante cualquier inconveniente que involucre no comprometer al estudiante con sus objetivos, menciona la investigación, “es importante incidir directamente sobre los alumnos, conocer cuáles son sus metas y aspiraciones y ayudarles a tomar conciencia acerca de qué quieren y de qué hacen por conseguirlo”.
  2. El autoconcepto: no pocos estudiantes desarrollan su vida universitaria sin haber pasado por, al menos, una situación de crisis académica o desmotivación. La acción del docente, en ese caso, no linda con rezagar el desempeño del estudiante al registro de notas. Por el contrario, promueve que reconozca en él mismo sus propias capacidades y competencias para hacer que la definición de sus propias virtudes lo empoderen hacia la superación de sus detrimentos. Definir sus virtudes y luchar contra los historiales que han saboteado su autoestima y autoeficacia a lo largo del tiempo no resultará sencillo, pero mientras el docente transmita esa sensación de sentido de posibilidad y mejora, el estudiante mantendrá a flote su interés y actividad por revertir esa situación adversa.
  3. El diseño de tareas de aprendizaje: que el estudiante conciba como objetivo principal de sus estudios la obtención de notas sobresalientes, implica una motivación extrínseca basada en el aprendizaje no como un fin, sino como un medio. La docencia universitaria y gestión educativa, lo que debe impulsar, es el incremento de la motivación intrínseca con actividades o trabajos académicos que involucren el aprendizaje y la comprensión de materias desde el punto de vista práctico y vivencial. Basta un experimento realizado por los especialistas Sergio Jiménez y José Luis Arquero para comprobarlo: quisieron explicar la utilidad del curso de Contabilidad de costes a estudiantes de licenciatura de Administración y Dirección de Empresas de la Universidad de Sevilla. Su ciclo de enseñanza comprendía conferencias, coloquios, la resolución de un estudio de caso de una empresa y la visita a esta para comparar la estrategia competitiva que tomaron, con las soluciones planteadas por los estudiantes en clase. El resultado, indicó el estudio, hizo que los participantes consideraran que “había merecido la pena la inversión de tiempo y que les había ayudado a comprender el papel de la contabilidad analítica en la práctica, mejorando su predisposición hacia la asignatura”.

El fomento de la motivación en el alumno revoluciona la educación superior tradicional involucrando a los estudiantes con un aprendizaje significativo que lo oriente a afianzar sus objetivos. ¿Estará más motivado un estudiante que tenga como fin la obtención de mejores notas o quien repunte el conocimiento como herramienta para alcanzar sus metas? Las estrategias competitivas que impulsa la Maestría en Docencia Universitaria y Gestión Educativa coinciden con lo mencionado por Sergio Montico, en que “el otorgamiento de mayores espacios para la participación y asunción de determinados roles dentro de las estrategias de aprendizaje incentiva la responsabilidad, y ello, la búsqueda de nuevas metas. Por su parte el docente debe generar las condiciones para el logro de una actitud grupal capaz de potenciar las individualidades y establecer un marco de automotivación, toda vez que el grupo constituido alcance los objetivos previstos”.

Es momento de reformular las bases de la educación. ¡Inicia ya!

Autor
PostgradoUTP

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